"Qué bonita es Cádiz por la tarde, cuando miro al solecito, que se viene "pal" fresquito, con la marea..."
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19 octubre 2009

En caliente...

Las letras en caliente, como las actitudes o reacciones, puede que pierdan un poquito de la “razón reglamentaria” de las cosas. Razón reglamentaria escrita en leyes y en normas sociales para todos. Pero no traicionan nunca al impulso humano movido por esa "justicia personal" de cada uno en lo más íntimo. Si escribir en Carnaval supone estar midiendo el sentimiento propio y humano de cada cual por no faltar a lo establecido y además en público, coaccionado… más vale entonces no escribir, aquí, que de tanta libertad siempre se ha presumido para eso pero tantísimo censor anónimo existe ahora. Mejor quedarse entonces siendo un pelele formal y cumplidor con lo que se debe decir, no sea que luego te acusen de contrario social. El hecho de escribirse una letra que pueda pedir la pena de muerte hacia los asesinos (los más asesinos en toda su crueldad) no es más que la reacción humana de quien la hace. Puede que olvide en su momento la ley escrita, pero se arrima demasiado a la otra ley natural de la convivencia en paz entre todos y eliminación de aquello que la perturba tan sanguinariamente, hasta hacer un daño compartido y sentido por todos. Y no tiene más importancia que esa. Es un sentimiento.

Observa entonces en la tele qué reacción tienen esos que ven pasar ante si al asesino confeso de Marta. Qué no harían contra él si no existiese un cordón policial!. O qué harías tú mismo si alguien hiciera daño irreparable y monstruoso a un hijo tuyo, estando delante tuya!. ¿Estarías con la equilibrada balanza de la Ley publicada bajo el brazo?. Nosotros mismos llegamos a comentar familiarmente sobre un violador encarcelado, éste apartado en prisión del resto de reclusos: “Deberían soltarlo en el patio con los comunes”. ¿Somos crueles acaso, injustos?. ¿O lo serían esos comunes en el patio que, hasta siendo malhechores, actuarían como justicieros ante lo más atroz?. ¿Les haríamos héroes, paladines nuestros?. Incluso avanzaríamos contra aquellos que vitorean desde una acera a asesinos terroristas en sus detenciones para apoyarles, sin haber hecho ellos nada.

No puede ni debo defender tal idea de quitar la vida a nadie, porque nadie tiene derecho a eso. Ni por la Naturaleza ni por las leyes de cualquier sociedad. Pero tampoco voy a negar que yo me deje arrastrar por los sentimientos míos, intrínsecos e inseparables de mí. La sensatez hay veces que huelga y sin pretenderlo. ¿Podrías asegurar tú que el odio o el amor son sentimientos manejables por el sentido común, conducidos con todas las riendas y a propósito?. No sé, a ver.

Sin intención de defender a nadie, porque no puedo defender eso, sí respeto en lo más hondo su derecho de cualquiera a sentir lo que siente y poder decirlo en una copla de Carnaval. Y me hacen gracia esos “legalistas” callejeros que después acusan a otros por pedir la pena de muerte en un pasodoble, cuando ellos, en un sencillito foro de Carnaval, se medio-cagan en los muertos de cualquiera que, simplemente, no les caiga bien o no ligue con sus gustos carnavalescos. Fantoches que se hacen ver justos, de boquilla y legalmente, pero maltratando con comentarios a muchos y sin una justa razón suficiente que les otorgue derecho para herir a las personas en la fiesta. Por simple capricho.

Somos humanos y como humanos imperfectos. Cantamos esas cosa y... ¡sorpresa!, también se aplauden esas cosas. Porque, como público, nos vemos tras ese cordón policial viendo pasar al asesino confeso de Marta, igual y, afortunadamente para él, lejanos de cualquier violador de mujeres y también... también atados de manos en la distancia con respecto a un terrorista asesino (hasta de niños) y sus defensores que le invitan a seguir.

Joaquín Quiñones, con “Suspiros de Cai” (1992), cantó aquel pasodoble tan mal juzgado hoy, ya. Pero lo cantó con pleno acuerdo de todos los de su grupo. Todos. Quien diga lo contrario miente, porque fue una exigencia suya requerida al 100%. Y bastaba uno sólo en contra para echarse dicha letra al olvido. Y si tanto reproche se le tiene desde alguien que usa tal cuestión para justificar un error actual, asegurando haberlo entonado por la causa común del grupo y medio obligado (¡Mentira!... y a ver si nos aclaramos)… entonces tampoco debería haber consentido cantar esto, con la comparsa “El Baratillo” (1998), pasodoble hecho en un día y movido el autor por su arrebato humano, cantado en la final. Por cierto, aprobado por su gente, por toda su gente que le acompañó, "en caliente".

Te dejo además el vídeo:



Yo no votaría una ley que invitara a la pena de muerte. Jamás. Pero, una cosa (que también supongo por sentimientos tuya)… que no me pongan delante a quien haga un daño cruel a quienes me duelan, sin tener porqué ser necesariamente de la sangre. Que la ley me sujete. En Cádiz no se cantan lealtades a las normas o leyes. Se canta sinceridad, sentimientos de la gente. Y lo que se siente nunca está equivocado. Cadiz y su gente vive y escribe "en caliente".

Un saludo

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17 octubre 2009

Carnaval "empaquetao"

En este escrito alguien da su visión particular sobre el tema. Y en éste otro amigo explica su propia versión, aunque en un sentido que lleva a lo mismo o muy parecido. Son opiniones personales. La mía, ahora y aquí, no es muy diferente, aunque añado alguna cosilla que tengo por necesaria y por lo tiquismisquis que soy para lo del Carnaval de mi ciudad.

Estuve viendo un poco eso que llamaron Maratón de Chirigotas (de Carnaval) emitido por Canal Sur el pasado día del Pilar. Y digo que lo vi sólo un poco, porque a los pocos minutos ya se me hizo algo infumable. Yo no voy a hablar de los repartos de tiempos de emisión en diferido para una y otra agrupación porque ya estoy (estamos) acostumbrado(s) a sufrirlo durante el concurso del Falla y desde la propia cadena autonómica, "nuestra" que se llama. Yo le voy a dar un contexto más carnavalesco en cuanto a lo que considero genuino de aquí y no tan “desmarcable” de su entorno original, por mucha tele que haya de por medio, maratones, muestras o expansión de nuestra fiesta a otros lugares. Ojo, que según los carteles anunciadores, se trata de eventos o espectáculos carnavalescos más multitudinarios de la historia. Al carajo los coros en La Plaza o nuestras ciudad en plena fiesta gaditana. AQUÍ, la Web que habla de eso.

Me está dando la sensación de que esta es la única fiesta de un lugar que, casi inevitablemente, ya necesita llevarse fuera de su marco para conseguir sostener un determinado prestigio (otro, ¿eh?, que no el que ya tenía) que ha logrado muy rápidamente desde algunos medios. Prestigio fuera de las murallitas de Cai, como un sello de calidad de Producto Andaluz. Yo siempre he tenido un concepto del Carnaval gaditano, en cuanto a las agrupaciones y sus protagonistas, de extraordinaria cercanía con la gente de la calle, que en definitivas es su público natural. Eso de “Maratón” o “Muestra” me suena muchísimo a vitrina, sinceramente, como "empaquetao". Y en las vitrinas suelen estar las cosas quietas expuestas o el recuerdo quieto de ellas. El Carnaval de Cádiz de quieto no tiene nada y de exposición menos todavía. El Carnaval de Cádiz es tan activo que difícilmente, salvo que se acepte como otra cosa, se puede llevar a momentos ajenos, aun menos distantes de su lugar original con esa frialdad de la que hacen gala determinados medios o planificadores de él. Yo entiendo que habrá quienes gusten de verlo así, por kilometraje y esas cosas. Para ellos puede ser necesidad. Y quienes deban disfrutar de las agrupaciones de modos parecidos porque no tienen acceso a ellas tan fácilmente en directo. Pero, que conste, no están viendo lo que realmente es en lo que se refiere a ese “bis a bis” (agrupación-público) del Carnaval de Cádiz y desde siempre. Lo del maratón me parecía un concierto de esos con gente hasta el quinto pino que no llegan a ver la cara de los que actúan si no fuera por una gran pantalla instalada. Aparte de la salvadora megafonía de cientos y cientos de vatios. Y aunque desde siempre las agrupaciones han actuado por teatros, festivales, salas, tablaos, etc… aquello del gran auditorio me resultaba completamente desencajado. En otros momentos similares también me pareció igual. Y me pareció eso del maratón (con un ejemplo simplón) como llevar un encierro de los San Fermines a algunas calles de Soria para que los sorianos lo pudiesen ver. Que yo sepa, cualquiera que quiera vivir la feria o fiesta de una población siempre ha tenido que ir hasta la localidad en cuestión para disfrutarla tal y como es, al menos en su ambiente auténtico y al margen de que existan postales de ella por librerías o estancos. Arrimarse a ese bis a bis indudable, “intransportable” natural. En Cádiz ya casi, casi no es así. Su espíritu del Carnaval es ¿por fin? portátil, trasladable a cualquier lugar, bastando simplemente con que los del lugar visitado flipen con él y le concedan su autenticidad gaditana particular que quieran. Y por eso ya se hacen presentaciones de comparsas en Isla Mágica (baño de multitudes) o incluso de alguna actuación o contrato algunos prefieran decir actualmente "concierto". Porque concierto le han llegado a llamar, ¿eh?. En cuanto a las circunstancias que rodearon al citado maratón, su horario, climatología y demás, sobrarían comentarios.

Quisiera que nadie se molestase por lo que opino, porque no deja de ser un criterio estrictamente particular mío y no falta al respeto personal de otros. Algunas manifestaciones actuales de nuestra fiesta gaditana por parte de algunos distan bastante de su autenticidad, por mucho que se empeñen. Por ejemplo, el hecho de que dos, tres o cuatro señores (en dúo, trío o cuarteto) canten coplas de Carnaval con una pauta productiva y para obtener beneficios (que la cosa está muy chunga, la verdad) es loable y vivan sus cojones si se cumplen tales expectativas. Pero que no se venda la burra de que eso es algo del tipismo local gaditano, porque tal cosa jamás existió ni tiene sentido popular de aquí. Ni es Carnaval de Cádiz. Que otra cosa sería un pequeño concurso planteado en tal sentido, aunque sea en Cádiz y entre nosotros, para nosotros y quienes vengan. Personalmente, para oír coplas de Carnaval yo siempre quiero a una agrupación frente a mí, mala o buena, pero que sea una agrupación. No me quites sus hechuras, hombre!. Una posible calidad de voces nunca me paliaría esa carencia, de existir. Y si nos ponemos en la tesitura de justificarlo como una breve muestra espontánea desde sólo unos pocos, enseñada a los demás como en avance, prefiero entonces y mejor a un corrillo de chavales reunidos sin planes de ello; en torno a un banco o portal; improvisando y sin patrones a cumplir, también a unos amigos medio borrachos en una barbacoa; incluso desafinando o a Jesús Bienvenido recordando en un vídeo una copla de Paco Rosado sin más intención que esa; aunque le graben en su sencillez cantada para un programa. Algunas reuniones veraniegas celebradas en la marcha sevillana, donde componentes de agrupaciones de allí se reúnen para actuar de paisanos en rigurosa formación chirigotera y ante un público joven sentado en aceras, en torno a ellos… del Carnaval de Cádiz tienen lo que yo de físico nuclear. Eso no es del Carnaval de Cádiz, eso será algo de allí, algo confundido con respecto a la naturaleza de las coplas de la Tacita de Plata y su gente que las hacen y cantan. Un error a nuestras costumbres. Aquí nunca se vio tal cosa.

Los mostradores y los nudillos siempre estuvieron en los bares, tascas o baches, jamás en estanterías y de un lado para otro con lucimientos vocales. La afición cantada espontánea no se planea ni calcula, por mucha marcha que haya en las noches veraniegas de cualquier lugar. Y el Carnaval no es para auditorios que nos hagan pensar que cuanto más empetaos estén más grande será nuestra fiesta del alma.

En cuanto a la cadena, a quienes me preguntan mi opinión sobre el asunto, yo siempre respondo lo mismo: El Carnaval de Cádiz no le debe nada a cadena televisiva alguna. Eso se lo deberán lo que estén lejos y gracias a ella lo alcancen. Porque, ante ese velado chantaje, mejor consideraría yo cuántos profesionales han llegado a donde están un poquito gracias a nuestro Carnaval de Cádiz. Que digo yo que habrá sido culpable en algo, ¿no?. Posiblemente algunos digan que no, que eso es gracias a su trabajo de ellos y su esfuerzo profesional, claro. Sin embargo el Carnaval no, el Carnaval de Cádiz no disfruta nada de eso, no tiene derecho ni a esa misma respuesta y siempre depende de los demás para ser o llegar a lo que es en si mismo delante de todo el mundo. Hoy le debe la vida a todos, incluso de antes que llegasen.  En fin…

La Giralda en la Caleta no olería nunca a azahares. Olería a mar, a rocas, salitre y, si te pones con guasa gaditana, hasta a Levante volviéndote loco. No sé, a lo mejor nos gusta. Sería flipante ver a los cangrejos moros y coñetas andar de laito por las ramas de un naranjo.

Saludos.

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15 octubre 2009

Motín y por la cara

En una ocasión, charlando con un vecino en el portal de donde vivía, le comentaba yo sobre dejadez por parte de los responsables para acabar las obras de nuestra calle, aun con muchos inacabados y con guisas de ya quedarse así. De eso estábamos tratando. Era una conversación normal y donde, puntualmente, tuve que mencionar la responsabilidad del Ayuntamiento, lógicamente (no hay más responsable final). Ante eso último la reacción de mi vecino fue comentarme: “Uy, tú eres de los que no votan a Teófila!”, respuesta cargada de sensatez coloquial, supondría él y a cuento de no sé qué que no atañía precisamente al tema. Y en aquel momento el motivo de la conversación él lo convirtió en su parte interesada con tintes políticos. Mi respuesta fue decirle que él no era quien para juzgar qué pueden o no votar otros en su libertad, en aquel caso yo. Estaba claro que lo de la calle quedó por completo desechado y para mi vecino se convirtió sólo en una defensa de quien no la acabó en las obras, por ver un pequeño motivo en su contra.

Tras aquello y sin más causa, aquel señor dejó de hablarme. Estuvo varios meses con esa situación. Ni siquiera un simple saludo en el portal, si coincidíamos. Eso ocurriría sobre el verano. Pero ya en plena Navidad, una buena mañana me ve, se me acerca y me dice “Oye, José Luis… yo creo que, por la fecha en la que estamos, deberíamos acabar con lo nuestro”. Yo le respondí: “¿Lo nuestro?... será lo suyo, ¿no?. Y váyase usted al carajo”. Sé que mi respuesta no fue la más educada, pero sí era la obvia y posiblemente merecida. Porque este tipo de gente es la que acomoda cada circunstancia de todos a la de ella. Y le gusta manejar situaciones en las charlas, momentos o reuniones. La usual que, si algo no es como piensa ella, añade: "Qué sabrás tú!", broche que zanja su discusión y busca comer el terreno de cualquiera en frente. Y yo seguí tan pancho, porque de otra manera no se puede seguir, claro. Él sí que se enfadó bastante, aunque me queda la duda si fue por reconsiderar su exceso de libertad al juzgar en un principio o por mi piropillo final que le di.

En alguna comparsa me ha pasado algo así. Ha habido quien ha pretendido comerme el terreno de tontísima manera. Y no sé si en un alarde suyo de demostración ente los demás. Incluso se ha llegado al caso de, por asuntos exclusivamente personales y gran discrepancia particular, convocar una reunión a mis espaldas, no sin la sorpresa de una mayoría que no entendía aquello, pues la verdad nunca se cuenta, todavía menos sin estar el interesado para poner su versión. Es como una lucha de poderes (fitetú) para demostrar hasta donde “manda” cada cual, cosa absurda porque yo nunca me he movido así. Incluso en algún caso específico hasta se planteó desde el amotinado (algún director) negárseme mi única parte con intento de apoyo desde los demás del grupo (algo no tan fácil). No tengo que decir que, una vez sabido lo de la reunión escondida, yo hago otra posterior y anulo la anterior. Porque, ya puestos en el “a ver quién manda” aporto mi granito de arena indiscutible. Y como resulta que, según el reglamento del COAC, los autores son siempre los máximos responsables de sus agrupaciones, definitivos representantes legales, delegando (y obviamente si lo creen oportuno, desdelegando) en cualquiera que asignen, pues el director en cuestión queda automáticamente destituido. Faltaría más!. Eso sí, si quiere seguir siendo director lo puede llevar a la práctica aunque ya muy lejos de mi repertorio, porque se ha dado algún caso de quien ha pretendido continuar actuando con lo que yo hice, ganando pasta e impidiéndoseme el mínimo beneficio de mi esfuerzo y compromiso, que nunca fue distinto ni mayor que del resto. Esos conatos de insurrección con un trasfondo de celo y arrebato, hasta en compañía de agregados "llevados al huerto", son fáciles de atajar cuando lo de uno es de uno y de nadie más, simplemente. Y así son las cosas de crudas y a la vez sencillas.

Lógicamente casos así los han vivido otros compañeros del Carnaval en sus agrupaciones, aunque no sean tan frecuentes ni dados a conocer. Son partes oscuras de la fiesta de las que nunca se sabe, pero derivan después en comentarios escondidos, menosprecios públicos o en corrillos también, desde los ingratos y traidores. Sólo porque alguien en su derecho a otro no le permitió quitarle tan gratuitamente lo que le pertenecía, fruto de un desencuentro ajeno a lo carnavalesco.

En cualquier director que yo haya tenido, lo primero que he querido ver en él es a un amigo, no expresamente un director. Porque, sinceramente y sin que suene a presuntuoso, a mí, dados casos así, ¿un director de esos?… nunca me hizo falta. Tengo más oído que él de aquí a la Habana y de la Habana a aquí. Voz posiblemente no, pero eso no importa mucho, porque en un día de catarro, sin la voz te quedas en pelotas. El amor propio me queda muy por delante de la mejor afinación y sin que tenga por qué ser Navidad.

Sobre lo que es un buen director ya hablaré y con todo el respeto que se merece. Por supuesto.

Venga, un saludo a todos.

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13 octubre 2009

"Los de Maracaibo" 1978


Muchos amigos saben que yo empecé a escribir con las agrupaciones infantiles y juveniles. Eso ocurrió a partir del año 1977, con una primera agrupación que se llamó “Alcapone y sus matones”, chirigota infantil. No obstante, un año anterior yo ya había participado en una comparsa de adultos llamada “Los Samaritanos”, siendo componente y guitarra en ella. Tenía por entonces 16 años y muchas ganas de salir en alguna agrupación.

Ya tocaba la guitarra, aunque todavía en lo básico. Debido a una pequeña intervención que tuve en una de las agrupaciones de Miguel Villanueva (profesor mío en Valvarcel) y que él hacía para el centro, con alguna breve salida a la fiesta, aquellos chiquillos del barrio que solían parar en la Plaza de Fragela (placita del Falla) me preguntaron si yo podía hacerles algo porque querían salir aquel año del 77 con una chirigota. Eran chavales algo menores que yo y entre los cuales se encontraba mi hermano. Y como yo tenía mucha ilusión por eso, aproveché el momento para poder entrar al fin en aquel castillito de la plaza, el Teatro Falla, y así saciar mi devoción por el Carnaval, participando con coplas propias y al lado de los grandes de entonces. Pero yo no me veía autor, ni compositor ni nada de eso, que va. Yo era simplemente un amigo de aquellos chavales a los que conocía de corrillos y momentitos de coplas en algún banco de Fragela o la escalinata de la Facultad de Medicina. Yo sólo acepté la oferta del modo más ingenuo, como si me hubiese tocado la china, al caso la lotería. Y así empecé a escribir agrupaciones. Por entonces el concurso de infantiles se celebraba en el Falla y junto al de adultos, entremezclados en las sesiones. Los niños cantaban con sus mayores, alternando pero con prioridad en las horas más tempranas para ellos. Aquel año del 77 fue precisamente en el que el Carnaval de Cádiz retornó a su mes de Febrero, volviéndose a llamar Carnaval y tras muchos años siendo Fiestas Típicas Gaditanas, en Mayo. El año anterior la comparsa de Pedro Romero “Carnaval 76” cantaba en su estribillo: “Fiestas típicas Gaditanas, eso no nos dice ná. Nosotros, ¿lo que queremos?... Carnaval, Carnaval, Carnaval!”. Era un petición o un ruego, una exigencia quizás. Con sólo dos días de concurso, más la final, nuestra chirigota infantil “Alcapone y sus matones” consiguió el primer premio. Y yo había cumplido mi sueño un poquito más allá, escribiendo. Por supuesto gracias a aquellos niños que me invitaron.
Quiero recordar aquí (anécdota) que algunos años antes, antes incluso de lo del colegio, yo ya había estado ensayando en un grupo de chavales que querían hacer una comparsa. Ensayábamos en la antigua Radio Juventud y era un componente más. Creo que tendría sobre 14 ó 15 años y aun no tocaba la guitarra. Como alguien del grupo planteó poder concursar, se entiende que buscaría a algún amigo o conocido que quisiera escribirnos. Y así fue como una noche llegó un tal Lozano, algo más mayor que todos nosotros, se pegó un historión de partituras, tonalidades, calidad literaria… y se medio comprometió. Al siguiente ensayo vino con una exigencia referente a un hermano suyo. Entonces, con su idea de incorporarlo al grupo, a su hermano, comunicó que allí sobraba alguien, porque ya estábamos completos. Su hermano debía salir, era su requerimiento a cambio y sin más razón técnica. ¿Y a que no sabes a quién le tocó la papeleta de aquella expulsión, a dedo y desde él?. Nunca me olvidaré de cómo me marché para casa desde el ensayo, llorando por la avenida y porque ya no iba a poder salir. Pero el desenlace de esta historia sigue algo más adelante.

Tras “Alcapone y sus matones” ellos, los chavales, quisieron hacer una comparsa. Y como las edades ya podían sobrepasar lo permitido, sería entonces juvenil. Así fue la inscripción. A mí se me ocurrió eso de “Los de Maracaibo”, gente de la conocida ciudad venezolana, por algo que había visto en fotos en algún lugar. Antes no había tanto lío como hoy para las cuestiones del tipo y los decorados. Era más sencillo todo. Si te fijas en las fotos de la agrupación que pongo aquí (boceto incluido), la ropa consistía en una chaqueta blanca de camarero (al lejos ni se notaría), unos vaqueros blancos remangados y cosidos, zapatillas, pañuelo al cuello, gorro de paja con el borde fileteado y, como detalle distintivo, tres lazos cosidos que colgaban de las mangas de la chaqueta con los colores de la bandera de Venezuela. Improvisación y con todo comprado en tiendas. Las costuras de nuestras madres. El color blanco era el protagonista, alegre. Por eso en una parte de la presentación se cantaba “Quiero expresar mi alegría, así, vestido de blanco”. El grupo siguió siendo el mismo, salvo las lógicas incorporaciones por número de componentes en modalidad y alguna retirada por enfermedad de algún entrañable amigo. Y se dio la paradoja que uno de los que llegaron nuevos fue precisamente el hermano de aquel Lozano jactancioso. Pepe Lozano, se llamaba el chaval que vino. Que se quedó, sin pruebas ni nada. La comparsa ganó el primer premio y fue centro de atención de muchos aficionados. Aquel año, 1978, fue el mismo de Raza Mora , Los Arrabaleros, La Guillotina, Los de la Madre Pelusa, Los Tribunos, Los Liberales de 1800, Los Faroles de la Alameda, Los Camaleones, Los Golfos… entre otras tantas agrupaciones buenísimas. Y cantamos junto a ellas. Cuando empezó el Carnaval Democrático, hasta el día de hoy. Me parece recordar que mi verdugo, Lozano (el autor “echador”), también participó, incluso en años posteriores, ya siendo rival mío (o nuestro). Pero en todos los casos se quedó atrás, entiéndaseme. Eso sí, que fue en igualdad, ¿eh?, con la igualdad del concurso y sin caprichos del tipo “a dedo”, su estilo. Su hermano me acompañó sin esa intención, ni suya ni mía. Son paradojas curiosas que no se pretenden pero suceden a veces.

Posteriormente siguió “Dueños del Mundo” (1979), también comparsa juvenil con primer premio. En 1980 ya entré en los adultos con “Los Tiroleses”, comparsa de Chiclana y en la modalidad de provincial (que existía por entonces), tercer premio.

Guardo en mis recuerdos a aquellos chavales del principio, aquellos amigos de esos años tan bonitos. De cuando la ingenuidad no se jugaba nada tan importante y donde sólo cantar era lo más grande. Narci, Purri, Bolita, Andrés, Juanín, Pepito, Miguel, Chaqueta, Manolo (mi hermano), Parra, Rubio, Pepe, Buhito… y el resto. Fueron los que me empujaron ese poquitín que yo quería y siempre, siempre han estado conmigo hasta mi última comparsa. En la memoria y el corazón. Les estoy muy agradecido.

Te dejo aquí un pasodoble de “Los de Maracaibo”, con una letra muy sencilla (un pasodoble), no sé si posiblemente ingenua, pero sí bonita. Hablaba de bendecir cosas de Cádiz, con voces de chavales muy sencillas. Disculpa el sonido, rescatado de una vieja cinta (le he puesto un poquito de reverb).



Un saludo.

PD: Suelo entonar a veces un pasodoble de Joaquín Quiñones, en Clásicos de la Música y dedicado a su barrio del Mentidero (el mío también), donde por el centro dice: "y esos amigos del alma, que sólo nos vemos muy de tarde en tarde, cada vez con más barriga... ¡parece mentira que ya seamos padres!"

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