En caliente...
Las letras en caliente, como las actitudes o reacciones, puede que pierdan un poquito de la “razón reglamentaria” de las cosas. Razón reglamentaria escrita en leyes y en normas sociales para todos. Pero no traicionan nunca al impulso humano movido por esa "justicia personal" de cada uno en lo más íntimo. Si escribir en Carnaval supone estar midiendo el sentimiento propio y humano de cada cual por no faltar a lo establecido y además en público, coaccionado… más vale entonces no escribir, aquí, que de tanta libertad siempre se ha presumido para eso pero tantísimo censor anónimo existe ahora. Mejor quedarse entonces siendo un pelele formal y cumplidor con lo que se debe decir, no sea que luego te acusen de contrario social. El hecho de escribirse una letra que pueda pedir la pena de muerte hacia los asesinos (los más asesinos en toda su crueldad) no es más que la reacción humana de quien la hace. Puede que olvide en su momento la ley escrita, pero se arrima demasiado a la otra ley natural de la convivencia en paz entre todos y eliminación de aquello que la perturba tan sanguinariamente, hasta hacer un daño compartido y sentido por todos. Y no tiene más importancia que esa. Es un sentimiento.
Observa entonces en la tele qué reacción tienen esos que ven pasar ante si al asesino confeso de Marta. Qué no harían contra él si no existiese un cordón policial!. O qué harías tú mismo si alguien hiciera daño irreparable y monstruoso a un hijo tuyo, estando delante tuya!. ¿Estarías con la equilibrada balanza de la Ley publicada bajo el brazo?. Nosotros mismos llegamos a comentar familiarmente sobre un violador encarcelado, éste apartado en prisión del resto de reclusos: “Deberían soltarlo en el patio con los comunes”. ¿Somos crueles acaso, injustos?. ¿O lo serían esos comunes en el patio que, hasta siendo malhechores, actuarían como justicieros ante lo más atroz?. ¿Les haríamos héroes, paladines nuestros?. Incluso avanzaríamos contra aquellos que vitorean desde una acera a asesinos terroristas en sus detenciones para apoyarles, sin haber hecho ellos nada.
No puede ni debo defender tal idea de quitar la vida a nadie, porque nadie tiene derecho a eso. Ni por la Naturaleza ni por las leyes de cualquier sociedad. Pero tampoco voy a negar que yo me deje arrastrar por los sentimientos míos, intrínsecos e inseparables de mí. La sensatez hay veces que huelga y sin pretenderlo. ¿Podrías asegurar tú que el odio o el amor son sentimientos manejables por el sentido común, conducidos con todas las riendas y a propósito?. No sé, a ver.
Sin intención de defender a nadie, porque no puedo defender eso, sí respeto en lo más hondo su derecho de cualquiera a sentir lo que siente y poder decirlo en una copla de Carnaval. Y me hacen gracia esos “legalistas” callejeros que después acusan a otros por pedir la pena de muerte en un pasodoble, cuando ellos, en un sencillito foro de Carnaval, se medio-cagan en los muertos de cualquiera que, simplemente, no les caiga bien o no ligue con sus gustos carnavalescos. Fantoches que se hacen ver justos, de boquilla y legalmente, pero maltratando con comentarios a muchos y sin una justa razón suficiente que les otorgue derecho para herir a las personas en la fiesta. Por simple capricho.
Somos humanos y como humanos imperfectos. Cantamos esas cosa y... ¡sorpresa!, también se aplauden esas cosas. Porque, como público, nos vemos tras ese cordón policial viendo pasar al asesino confeso de Marta, igual y, afortunadamente para él, lejanos de cualquier violador de mujeres y también... también atados de manos en la distancia con respecto a un terrorista asesino (hasta de niños) y sus defensores que le invitan a seguir.
Joaquín Quiñones, con “Suspiros de Cai” (1992), cantó aquel pasodoble tan mal juzgado hoy, ya. Pero lo cantó con pleno acuerdo de todos los de su grupo. Todos. Quien diga lo contrario miente, porque fue una exigencia suya requerida al 100%. Y bastaba uno sólo en contra para echarse dicha letra al olvido. Y si tanto reproche se le tiene desde alguien que usa tal cuestión para justificar un error actual, asegurando haberlo entonado por la causa común del grupo y medio obligado (¡Mentira!... y a ver si nos aclaramos)… entonces tampoco debería haber consentido cantar esto, con la comparsa “El Baratillo” (1998), pasodoble hecho en un día y movido el autor por su arrebato humano, cantado en la final. Por cierto, aprobado por su gente, por toda su gente que le acompañó, "en caliente".
Te dejo además el vídeo:
Yo no votaría una ley que invitara a la pena de muerte. Jamás. Pero, una cosa (que también supongo por sentimientos tuya)… que no me pongan delante a quien haga un daño cruel a quienes me duelan, sin tener porqué ser necesariamente de la sangre. Que la ley me sujete. En Cádiz no se cantan lealtades a las normas o leyes. Se canta sinceridad, sentimientos de la gente. Y lo que se siente nunca está equivocado. Cadiz y su gente vive y escribe "en caliente".
Un saludo








